Qué son las escaras y por qué aparecen
Las escaras — también llamadas úlceras por presión o úlceras de decúbito — son lesiones de la piel y los tejidos subyacentes causadas por la presión sostenida sobre una zona del cuerpo, que corta el flujo sanguíneo local. Sin sangre, el tejido muere.
Presión
El factor principal. El peso del cuerpo sobre una superficie comprime los tejidos blandos entre el hueso y esa superficie, interrumpiendo la circulación. Las zonas donde el hueso está más cerca de la piel son las más vulnerables.
Fricción y cizallamiento
La fricción — el roce de la piel contra la sábana al mover al adulto mayor — daña las capas superficiales. El cizallamiento — cuando el cuerpo se desliza hacia abajo mientras la piel queda fija — daña los tejidos más profundos. Ambos son frecuentes si la técnica de movilización no es correcta.
Humedad
La piel macerada por contacto prolongado con orina, heces o sudor es mucho más vulnerable a la presión y la fricción. El cambio frecuente de pañal y el uso de cremas de barrera son parte esencial de la prevención.
Zonas del cuerpo de mayor riesgo
Las escaras aparecen donde el hueso está cerca de la piel. Conocer estas zonas permite concentrar la vigilancia donde más importa.
En posición boca arriba
Sacro (zona lumbar baja) — la zona de mayor riesgo absoluto. Talones. Occipital (nuca). Codos. Escápulas (omóplatos). El sacro y los talones concentran más del 60% de todas las escaras en personas postradas.
En posición lateral
Trocánter (prominencia ósea lateral de la cadera). Maléolo (tobillo). Rodilla — cara lateral. Costillas. Hombro. Al girar de lado, protege siempre estas zonas con almohadas entre las rodillas y bajo el tobillo superior.
En silla de ruedas
Isquiones (huesos de asiento). Sacro. Cóccix. Talones si los pies no están bien apoyados. En silla de ruedas, el cambio de posición debe ser cada hora — más frecuente que en cama porque la presión sobre los isquiones es mayor.
Los 4 estadios de la escara
Reconocer el estadio es fundamental para saber cómo actuar. Los estadios I y II son manejables en domicilio con cuidados adecuados. Los estadios III y IV requieren atención médica.
La piel está intacta pero hay una zona enrojecida que no palidece al presionar con el dedo. Puede haber calor local, edema o induración. Es la señal de alarma más temprana. Acción: aumentar inmediatamente la frecuencia de cambios posturales, aplicar crema hidratante, no masajear la zona, consultar al enfermero del CESFAM.
Pérdida parcial del espesor de la piel. Se presenta como úlcera superficial con fondo rosado o rojo, o como flictena (ampolla) rellena de líquido. No hay tejido necrótico. Acción: consultar al enfermero del CESFAM para plan de curación y manejo. No pinches la flictena.
Se puede ver tejido subcutáneo (grasa). Puede haber cavidades o tunelizaciones. No hay hueso, tendón ni músculo expuesto. Acción: requiere atención médica o de enfermería especializada. No intentes manejarla en domicilio sin indicación profesional.
Hueso, tendón o músculo expuesto. Frecuentemente hay tejido necrótico. Riesgo de osteomielitis (infección del hueso). Acción: urgencia médica. Traslado al centro de salud o visita domiciliaria urgente de enfermería. No puede manejarse en domicilio sin supervisión profesional continua.
Prevención — lo esencial
Cambios posturales regulares
La medida más eficaz. Cada 2 horas en cama, cada hora en silla de ruedas. Sin excepción. Registra los cambios para no perder el ciclo, especialmente de noche. Si hay dificultad para cumplir este ciclo solo, es el momento de pedir ayuda o un relevo.
Superficie de apoyo adecuada
Un colchón antiescaras (de aire o espuma viscoelástica) reduce significativamente la presión sobre las zonas de riesgo. Para personas postradas de forma permanente es prácticamente indispensable. Disponible en préstamo a través de SENADIS con IVADEC o certificado médico.
Piel seca y limpia
Cambio de pañal frecuente. Crema de barrera en zonas de contacto con humedad. Secado completo después del baño, especialmente en pliegues. Evitar que la piel esté en contacto prolongado con ropa húmeda.
Revisión diaria de la piel
Durante el aseo, revisa sistemáticamente todas las zonas de riesgo. Una buena iluminación es imprescindible. En personas de piel oscura, el enrojecimiento puede ser menos visible — palpa las zonas buscando calor, edema o induración como señales equivalentes.
No masajees las zonas enrojecidas — el masaje sobre tejido comprometido agrava el daño. No uses donuts o anillos de goma como protección — concentran la presión en el borde. No pongas talco directamente sobre la piel — puede obstruir los poros. No ignores una zona enrojecida esperando que "se pase sola".
Cambios posturales — guía práctica
La frecuencia es tan importante como la técnica. Un cambio mal ejecutado puede generar fricción y empeorar la situación.
Establece un horario fijo — por ejemplo cada 2 horas: 8h, 10h, 12h, 14h... Usa una hoja de registro junto a la cama o una app de recordatorio. De noche, el cuidador que se despierta puede consultar el registro y saber cuánto falta para el próximo cambio sin tener que estar en alerta permanente.
Decúbito supino (boca arriba) → decúbito lateral derecho a 30° → decúbito supino → decúbito lateral izquierdo a 30°. El ángulo de 30° en posición lateral — con almohadas en la espalda y entre las rodillas — distribuye mejor la presión que el lateral completo de 90°.
En decúbito supino: almohada bajo los talones para elevarlos. En decúbito lateral: almohada entre las rodillas, bajo el tobillo superior y apoyando la espalda. Nunca deja una prominencia ósea en contacto directo con la superficie sin ningún acolchamiento.
Si la cama debe estar inclinada (para alimentación o reflujo), mantén la inclinación al mínimo necesario — idealmente no más de 30°. A mayor inclinación, mayor cizallamiento sobre el sacro. Cuando no sea necesaria, vuelve a posición plana.
Nutrición e hidratación como prevención
La piel desnutrida e hidratada deficientemente se rompe con mucha más facilidad y cicatriza mucho más lento. La nutrición es parte de la prevención de escaras, no solo del tratamiento.
Proteínas
Las proteínas son el material de construcción de los tejidos. Un adulto mayor con ingesta proteica insuficiente — frecuente en anorexia, disfagia o pérdida de apetito — tiene piel más frágil y menor capacidad de reparación. Huevo, carnes blandas, legumbres, lácteos.
Hidratación
La deshidratación reseca la piel desde adentro — la crema hidratante no puede compensarla. El adulto mayor postrado tiene menos sensación de sed. Ofrece líquidos regularmente aunque no los pida. Mínimo 6–8 vasos diarios salvo restricción médica explícita.
Vitaminas y micronutrientes
La vitamina C y el zinc son especialmente importantes para la cicatrización y la integridad de la piel. Si hay sospecha de deficiencias nutricionales, consulta al médico sobre la necesidad de suplementación. No la inicies sin indicación.
Peso y estado nutricional
La pérdida de peso en el adulto mayor postrado elimina el tejido graso subcutáneo que actúa como almohadilla natural sobre las prominencias óseas. El control regular del peso y la consulta con el médico ante pérdida significativa son parte del plan preventivo.
Cuándo consultar al médico o enfermero
El CESFAM puede realizar curaciones domiciliarias en muchos casos. Pide la visita domiciliaria de enfermería antes de que la escara avance — no esperes a que sea estadio III o IV para consultar.
La prevención de escaras se mide en constancia, no en esfuerzo puntual
Un cuidador que cumple los cambios posturales cada 2 horas hace más por la piel del adulto mayor que cualquier crema o apósito.